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La novia de Vallanca

by Redacción

© LEANDRO CALVO NARCISO (1995) | ¿Quién fue -quien es- la novia de Vallanca? Se hablaba mucho de ella refiriéndose a su lentitud y tardanza. Se decía siempre: «Tardas más, eres más lento/a, etc. que la novia de Vallanca».

Pero nadie te decía quien era -ni es- la tal novia. Todo quedaba por aclarar; era la incógnita del dicho popular ante cualquiera falto de puntualidad.

A este que escribe siempre le ha gustado saber las cosas procedentes de la tradición, y así un día se le ocurrió ir a tumbarse a la sombra de la «Sabina de la encomienda», la cual -como pastor que es- conoce bien porque, independientemente de los sucesos que en ella ocurrieron, es propiedad de su familia.

Él no fue a encomendarse a nada, porque sabe que no va a recibir ayuda exótica; pero sí siente que, compasivamente, Jesucristo no abandona nunca a las personas de buena voluntad.

Así pues se tumbó a la sombra e intentó recordar lo que en tiempos antiguos se decía. O sea:

Que el diablo frecuentaba de noche aquel lugar y que los vecinos de Tóveda la de Arriba se concentraron y reunieron bajo la sabina; que se encomendaron a la novia de Vallanca con el fin de que les prestase su ayuda para poder atrapar al diablo; que lo atraparon y ataron al tronco de la sabina con una recia cadena; que durante tres días forcejeó mucho para soltarse y escapar, pero no pudo; y que cuando, fatigado y abatido, su hambre lo desfallecía totalmente, le llevaron comida y lo desataron. Comió y se recuperó. Y le dijeron:

– ¡Vete y no vuelvas más por aquí!

Y desde entonces nadie ha vuelto a ver al diablo por aquel «rincón» de Tóveda.

Y es verdad, porque allí está en su corteza, alrededor del grueso tronco en toda su circunferencia, una señal imborrable que hizo la cadena,  deteriorándola como si fuera la señal que un cello (aro) metálico ha señalado en un tonel.

Eso decían los viejos.

Y hete aquí que el pastor alza su vista hacia las ramas y se cruza con la recta mirada del búho al que conoce y del que recibe, a través de su penetrante mirada, este mensaje:

-Más vale aprender viejo que morir necio. Tú has venido a saber cosas antiguas y yo te digo que, por lo que me transmitieron mis antepasados, por aquí nunca vino el diablo.

Me dijeron que quien venía era un vulgar ladrón foráneo, disfrazado de fantasma, y les robaba los corderos de las majadas, que luego se los comía asados en la sima del Pinarazo, por cuya boca salía el humo durante el día y que la gente seguía teniendo miedo, pero que desde que lo ataron aquí en el tronco y lo dejaron irse ya no volvió más.

Y en cuanto a lo demás que te interesa saber, te digo que la novia de Vallanca también me dijeron que nunca vino por aquí; que solamente iba -y va desde Santerón a Vallanca una vez cada siete arios, y en Vallanca permanece unos cuantos días de prestado y después regresa otra vez a Santerón. Y que la novia de Vallanca es la Virgen de Santerón.

El búho cerró sus brillantes ojos e impávido se dispuso a dormir.

El pastor se quedó perplejo pensando que lo que nunca le había dicho nadie se lo había transmitido el búho y coligió que la gente, sin saberlo, tenía razón.

Esa fue, es y será por siempre la «novia de Vallanca».

Claro, porque como ocurre desde hace siglos, un día, de buena mañana, la sacan en andas de la ermita de Santerón y, portada por cuatro costaleros, a pie, andando por caminos de herradura, con gran cuidado y poco a poco, se encaminan en dirección a Vallanca. Algunos, adelantados, la esperan ya en el valle de la Fuente de la Teja, a la que llega por la tarde. Calmadas las impaciencias generales, automáticamente, tras la larga espera, se convierten en clamor. Concluido el intercambio documental preceptivo entre las autoridades eclesiásticas locales de Santerón y Vallanca, es trasladada a la iglesia de Vallanca donde permanecerá durante las fiestas. Allí también recorrerá en procesión las calles del pueblo.

Y el último día, desde el púlpito de la iglesia, el señor cura párroco, en su panegírico, dirá entusiasmado:

  • ¡Virgen de Santerón! ¡Cuánto tiempo has tardado en volver! ¡No te marches otra vez! ¡Quédate con nosotros! Todos te queremos. No nos abandones.
  • Nuestro espíritu permanecerá en ti. Eres nuestra novia, la que más queremos y adoramos. Eres la dulce y amada novia de Vallanca entera.

Fotografías . Diario las Provincias

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