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“Los pueblos del Rincón de Ademuz, esas montañas y esas gentes están en mí de manera natural”

by Redacción

Al noroeste de Valencia, antes de la serranía de Cuenca y la sierra de Albarracín, cerca del parque natural de la Puebla de San Miguel, hay una región montañosa llamada Rincón de Ademuz por donde pasa el río Turia. Esta zona, rica en sabinares y encinas, está dentro de la denominada Laponia española. Dicen que es un «desierto demográfico». Sus escasos habitantes se dedican al cultivo de hortalizas y frutas como la manzana esperiega, que es originaria del lugar, a labores artesanales y a recibir al turismo que acude para respirar la paz de sus parajes.
Este es el paisaje de la infancia de Elvira Lindo. En Ademuz, el pueblo más grande de la comarca, nació su madre. Su tía Elvira, «ejemplo inagotable de coraje y alegría», como menciona en la dedicatoria de su novela, y su tío, eran los panaderos. Tenían horno propio y llevaban el pan a los pueblos de alrededor. La familia Lindo se mudaba continuamente debido al trabajo de su padre, pero siempre volvía a Ademuz en vacaciones o entre traslados.
«Pasé allí una niñez rural, plena de la libertad que da el aire libre. Esos pueblos, esas montañas y esas gentes están en mí de manera natural. Pero nunca había subido a la parte más alta, una aldea llamada La Sabina que tiene once habitantes y dos mujeres lectoras», dice Elvira Lindo.
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En La Sabina, Elvira vivió algo que le dejó impresionada. Una mujer le saludó como si la conociera de toda la vida, y le dijo: «Tengo algo para ti». Le enseñó una foto de una adolescente de 17 años con cuatro niños pequeños. La adolescente era aquella mujer, y los niños Elvira y sus hermanos.
«Me contó que ella nos cuidó en el pueblo, entre mis dos y mis cuatro años. Yo no me acordaba de esta mujer. Su aparición fue como un milagro. Me dijo que quiso acompañar a la familia cuando nos mudamos a Tarragona, pero no pudo ser, y se quedó en la aldea el resto de su vida. Pero lo más increíble es que me conocía perfectamente. Describió mi carácter al milímetro solo por lo que sabía de mí de los años en que me había cuidado. Lo que es la vida».
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